Por María Emilia Iglesias
2 Enero de 2026 - 16:45
La dieta paleo se ha convertido en una tendencia global bajo la promesa de volver a los orígenes. Basada en el consumo de carnes magras, semillas, frutos secos, frutas y verduras, este plan alimentario intenta imitar la nutrición de nuestros ancestros. Sin embargo, lo que parece una "vuelta a lo natural" esconde restricciones severas que pueden pasar factura al organismo.
En diálogo con El Interactivo, de Ciudadano News, la nutricionista Araceli Vallone explicó que la particularidad de esta dieta es la eliminación casi total de cereales, legumbres y lácteos. "Hay que tener cuidado con esto porque la restricción de tantos grupos de alimentos puede generar malestar y no debería ser el objetivo", advirtió la especialista.
El riesgo de eliminar las legumbres y los lácteos
Si bien evitar los ultraprocesados es un paso positivo para cualquier persona, Vallone señala que no todos los alimentos procesados son "enemigos". Una lata de lentejas o garbanzos, por ejemplo, aporta nutrientes fundamentales.
"Restringir directamente esos grupos es negativo porque son buenos para nuestra microbiota intestinal", afirmó la nutricionista. Además, el abandono de los lácteos supone la pérdida de probióticos naturales, como los presentes en el yogur, que son aliados clave para las defensas del cuerpo.
Tu intestino es un jardín: la importancia de la microbiota
Para entender qué sucede dentro de nuestro cuerpo, la especialista utilizó una analogía muy clara: la microbiota intestinal es como un jardín diverso.
"Si de repente dejás de regar ciertas plantas (eliminás grupos de alimentos), esas especies se marchitan y mueren", explicó. Este proceso se conoce como disbiosis, un desequilibrio en las bacterias intestinales que puede provocar que, cuando intentes volver a comer pastas o arroz, estos alimentos te caigan mal porque el cuerpo ya no tiene las "herramientas" para procesarlos.
El factor social y emocional: el valor de los ravioles
Más allá de lo biológico, la nutricionista hizo hincapié en un aspecto muchas veces olvidado: la salud emocional. La rigidez de la dieta paleo puede chocar de frente con la vida social.
"Si tu abuela te invita a comer ravioles un domingo y vos te negás por la dieta, estás perdiendo una conexión emocional que no vuelve", reflexionó Vallone. La profesional advierte que estas restricciones tan severas pueden ser la puerta de entrada a un Trastorno de la Conducta Alimentaria (TCA) sin que el paciente lo note.
Cómo recuperar el equilibrio
Para quienes deseen flexibilizar su alimentación después de una dieta restrictiva, el secreto es la gradualidad. Lo ideal es reincorporar alimentos de a poco (por ejemplo, yogur día por medio) para permitir que las bacterias beneficiosas del intestino vuelvan a reproducirse. El objetivo final debe ser siempre la variedad, evitando la inflamación y priorizando un vínculo saludable con la comida.
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