Por Redacción
14 Septiembre de 2024 - 08:52
Cuando hablamos del empacho, muchos creen que es simplemente una creencia del curanderismo, pero es mucho más serio que eso: se caracteriza por el estancamiento de alimentos en el tracto gastrointestinal, debido a excesos alimentarios o la ingestión de elementos no digeribles. Sí es relevante que se lo suele tratar de forma casera, con rtituales que se realizan tirando del cuerito en la espalda, presionando el plexo solar en la boca del estómago con una cinta, y también las curas a distancia.
Lo que aclara la ciencia es que lo que sabemos de esto procede de la medicina popular iberoamericana, tanto doméstica transmitida entre generaciones por abuelas y madres de familia, como también de(curanderos, hierbateros, mientras que la medicina académica (o biomedicina) la interpreta como una trivial alteración digestiva tipo dispepsia o indigestión, sin conceder importancia a los tratamientos populares, según se publicó en un boletín del Conicet.

Uno de los tratamientos, el de medir con la cinta para superar la parálisis digestiva, es un ritual curativo que se restringe a la Comunitat Valenciana y regiones limítrofes con Cataluña y Castilla La Mancha, que de ahpi llegó a Cuba, Argentina, Uruguay y Chile.
Otro hábito, el de tirar del cuerito, desde hace siglos formaron parte del conocimiento médico, a través de una serie de pellizcos en el dorso de una persona pueden funcionar estimulando algún centro nervioso a la manera de la acupuntura o digitopuntura, que provoca algún tipo de reflejo nervioso y hace que los órganos digestivos se muevan.
Si bien no cura la diarrea, sí mejora el apetito, la actitud alimentaria, la persona siente que se destapa. Se siente más aliviada, según el libro que compila estudios médicos del siglo XIX elaborado por el Dr. Campos Navarro "Medir con la cinta y tirar del cuerito".
El ejemplar recopila los textos médicos que en las universidades argentinas desde 1840 aproximadamente se hacían sobre el empacho por médicos muy conocidos e importantes, como Argerich, Gutiérrez, Garrahan, entre otros.
Por entonces no se reconocía la existencia de los pueblos originarios del país, ni la presencia de curadores en el ámbito doméstico (las madres de familia) y comunitario (curanderos, parteras, yerbateros), ni tampoco los recursos curativos herbolarios, y aún menos, las enfermedades ampliamente reconocidas en la medicina popular como el mal de ojo, el empacho, el susto, malos vientos y otras.
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