Cicatrices en el barrio: los clubes que la dictadura intentó borrar del mapa

La dictadura militar argentina no solo persiguió personas; también desmanteló la identidad barrial. El plan de Cacciatore forzó el destierro de clubes emblemáticos, dejando heridas que aún marcan el tejido social porteño.

Ciudadano.News

Por Ciudadano.News

24 Marzo de 2026 - 09:06

El Viejo Gasómetro, el más golpeado por los gobiernos de la dictadura — .

Durante la última dictadura militar en Argentina, la represión tomó formas diversas, extendiéndose incluso al ámbito del deporte y la vida social. Bajo el mando del intendente de facto Osvaldo Cacciatore, se ejecutó un plan de reordenamiento urbano que priorizó el negocio inmobiliario y la fragmentación social por sobre el arraigo popular. En este contexto, clubes históricos fueron obligados a abandonar sus sedes, rompiendo el vínculo fundamental entre la institución y sus vecinos.

El destierro forzado y el negocio de la tierra

El caso más emblemático de este proceso fue el de San Lorenzo de Almagro y la pérdida del Viejo Gasómetro en Boedo. Mediante presiones económicas asfixiantes y normativas urbanas arbitrarias, el club fue empujado a vender sus tierras, que terminaron en manos de una cadena de supermercados. Sin embargo, no fue un caso aislado. Entidades como Almagro, Riestra y el Club Atlético San Telmo también sufrieron el asedio de un Estado que veía en los espacios asociativos un peligro para su proyecto de orden y control absoluto.

Este proceso de "higienización" urbana buscaba eliminar los focos de encuentro comunitario en los barrios del sur y el centro porteño. La expropiación y el traslado forzoso no fueron errores de planificación, sino una estrategia deliberada para desarticular la identidad colectiva y favorecer la especulación privada. Muchos de estos terrenos permanecieron vacíos o subutilizados durante años, demostrando que el objetivo final era el castigo a la organización popular. Hoy, la lucha por la restitución de estos predios representa un acto de resistencia cultural y un reclamo de memoria, verdad y justicia. Recuperar el lugar en el barrio es, en esencia, devolverle a la comunidad su derecho soberano a la historia.