El lado oculto de la Luna representa uno de los objetivos más ambiciosos para la exploración espacial actual. A diferencia de la cara visible, este relieve es más montañoso, seco y está plagado de cráteres, como la imponente Cuenca de Oriente.
Científicamente, esta zona es vital porque actúa como un escudo natural contra la interferencia electromagnética de la Tierra, permitiendo una observación del cosmos sin precedentes. Misiones como Artemis 2 allanan el camino para utilizar esta cara lunar como plataforma de lanzamiento estratégica hacia Marte, aprovechando la baja gravedad y la ausencia de atmósfera.