La producción de cerezas se consolida en Mendoza como una opción de diversificación altamente rentable frente a la crisis de otros sectores tradicionales. Según especialistas, este "cultivo de nicho" permite obtener la fruta mejor paga del año al ingresar al mercado como primicia entre octubre y noviembre.
Con una unidad económica mínima de solo 10 hectáreas, el productor puede alcanzar niveles de rentabilidad elevados si apuesta a la calidad y la tecnología. Actualmente, la provincia atraviesa una reconversión profesional, pasando de 100 a casi 700 hectáreas cultivadas, posicionando a la cereza mendocina como un producto gourmet con fuerte demanda interna y potencial exportador.