Ruta mortal
La ruta de Kolyma, en la inhóspita Siberia, oculta una de las verdades más crudas de la era de Stalin. Construida a partir de 1932, esta vía de 2,028 kilómetros no solo conecta regiones aisladas, sino que sirve como tumba masiva. Ante la imposibilidad de cavar cementerios en el permafrost —suelo perpetuamente congelado—, los cuerpos de los prisioneros del Gulag que morían por agotamiento y frío extremo eran incorporados directamente a la base del camino. Hoy, los conductores transitan sobre los restos de quienes, bajo trabajos forzados, levantaron la infraestructura con sus propias manos.