La obsesión por la piel de porcelana no es nueva. Durante los siglos XVI y XVII, las mujeres de la nobleza española practicaban la bucarofagia: el consumo de pequeños trozos de búcaros de barro. Esta práctica provocaba una anemia severa, otorgando la palidez deseada que distinguía a las clases altas de los trabajadores expuestos al sol.
Sin embargo, el costo era letal. Escuchá la columna de Virginia Rizzi para saber cómo la ingesta de arcilla causaba obstrucciones intestinales, desórdenes hormonales y, en muchos casos, la muerte por envenenamiento. El cuadro Las Meninas de Velázquez inmortaliza este hábito, mostrando a la infanta Margarita recibiendo uno de estos recipientes.