Los autos chicos que históricamente dominaron las calles argentinas, como el Gol, Clio o Corsa, están en peligro de extinción. Esta desaparición no responde únicamente a un cambio en el gusto de los conductores, sino a una calculada estrategia financiera de las terminales automotrices.
Las marcas descubrieron que las SUV compactas, al compartir plataformas y componentes mecánicos con los hatchbacks tradicionales, conllevan costos de producción similares pero se venden a precios mucho más elevados. Esta ecuación multiplica los márgenes de rentabilidad, obligando a las empresas a concentrar allí sus inversiones publicitarias y lanzamientos, asfixiando al segmento de entrada.