El escenario político argentino enfrenta un punto de quiebre. Según el último informe de la consultora Tendencias, la imagen negativa de Javier Milei escaló al 55%, superando por primera vez a la positiva desde el inicio de su mandato. El fenómeno, descrito por el analista Hernán Pellegrino como un "resquebrajamiento" de su base electoral, responde a una combinación letal: el impacto del Adornigate y el Libragate en la confianza pública, sumado a una economía que no despega.
Con 6 de cada 10 argentinos admitiendo que no llegan a fin de mes, el "voto esperanza" del balotaje se diluye. La polarización se agudiza y figuras como Axel Kicillof y Myriam Bregman consolidan su espacio, mientras el oficialismo retrocede hacia su núcleo duro del 30%, perdiendo el acompañamiento de los sectores moderados que hoy priorizan el bolsillo sobre el relato libertario.