El peronismo atraviesa una de sus crisis más profundas debido a la estrategia política de La Cámpora para impulsar una posible candidatura de Cristina Kirchner. Esta movida, orquestada desde el Instituto Patria, busca forzar la centralidad de la expresidenta y ya genera una fuerte fractura dentro del PJ, impactando de lleno en el armado electoral y en la relación con las provincias.
El plan de Máximo y el quiebre federal
Detrás de este avance se encuentra un meticuloso armado alternativo diseñado por Máximo Kirchner en la provincia de Buenos Aires. El objetivo principal es desplazar y esmerilar la figura de Axel Kicillof, obligando al gobernador bonaerense a enfrentar una compleja encrucijada: someterse de manera definitiva al control de la agrupación camporista o arriesgar su autonomía política de cara a los próximos comicios.
Esta ofensiva del kirchnerismo duro ha encendido las alarmas en el interior del país, dando lugar a lo que el periodista José Urrutia denomina el "federalismo de supervivencia". Los gobernadores peronistas más pragmáticos —como Osvaldo Jaldo en Tucumán y Raúl Jalil en Catamarca— han decidido tomar una marcada distancia del entramado camporista. Para estos mandatarios provinciales, la prioridad absoluta es garantizar recursos económicos y continuidad de obra pública para sus distritos.
Esta necesidad vital los obliga a mantener un canal de diálogo abierto y fluido con el Gobierno nacional de Javier Milei. De este modo, la presión del Instituto Patria no solo aísla al ala más dura, sino que redefine por completo las alianzas legislativas y las condiciones de gobernabilidad en el Congreso, dejando al peronismo tradicional ante el desafío de confluir en una conducción profundamente dividida.