La nueva mesa nacional de la Unión Cívica Radical (UCR), liderada por Leonel Charela, concretó su primer cónclave clave con la Liga de Gobernadores para diagramar el futuro político del espacio de cara a 2027. Según el análisis de José Urrutia para Sin Verso, la reunión expuso la necesidad de resetear la estrategia territorial ante la irrupción de Javier Milei, buscando un equilibrio milimétrico que garantice la gobernabilidad de las provincias sin quedar absorbidos por el modelo libertario.
El límite al kirchnerismo y las dos caras del radicalismo
La tensión interna en el partido centenario no es puramente ideológica, sino de estrategia corporativa. Por un lado asoma la línea pragmática e institucional, liderada por el mendocino Alfredo Cornejo y respaldada por Gustavo Valdés (Corrientes) y Leandro Zdero (Chaco). Esta facción prioriza el diálogo con el Gobierno para blindar las cajas provinciales sin tener que comprar necesariamente todo el paquete oficialista.
En la otra vereda, la línea de perfil propio y defensiva, encabezada por Maximiliano Pullaro (Santa Fe) y Carlos Sadir (Jujuy), concentra su preocupación en el fuerte impacto que el ajuste nacional tiene sobre el federalismo, las pymes y la producción privada. En este escenario, tal como advirtieron en Sin Verso, la gestión de figuras como Manuel Adorni genera fricciones constantes entre quienes prefieren ignorar los ruidos digitales y quienes exigen respuestas más contundentes frente al ajuste.
Pese a estas visiones opuestas sobre cómo gestionar la relación con la Casa Rosada, los líderes radicales activaron una cláusula de supervivencia innegociable: con el kirchnerismo, nunca jamás. Este límite identitario es el pegamento principal que sostiene al partido. Con el control de cinco gobernaciones clave y 500 intendencias, la UCR apuesta a retener su vital cuota de mercado electoral para consolidarse como una verdadera alternativa de poder nacional en 2027.