La reforma laboral ya es una realidad y busca reactivar el mercado de trabajo con incentivos concretos. Para los empleadores, el punto más fuerte es la reducción del 90% en contribuciones patronales por cuatro años al contratar a personas desempleadas o ex empleados públicos.
Para los trabajadores, el cambio es cultural: se elimina la barrera del miedo a la formalidad. Ahora, ser registrado no implica perder la obra social, la ART ni los planes sociales, que pasan a ser compatibles con el empleo en blanco. Además, el pago de asignaciones familiares se agiliza de forma directa vía ANSES, simplificando la burocracia para ambas partes.