En un análisis en el programa El Interactivo, el periodista José Urrutia desmenuzó la reciente reaparición pública de Alberto Fernández. El expresidente volvió a la escena mediática con un descargo que, más que una defensa política, pareció un guion de comedia absurda donde intenta convencernos de que su gestión fue un éxito incomprendido por la sociedad.
La fiesta de la impunidad y el dedo acusador
Urrutia recordó con crudeza aquel período donde el dedo acusador desde la pantalla de TV señalaba como "terroristas sanitarios" a quienes simplemente buscaban sobrevivir.
La columna de José Urrutia concluye que, si bien el humor es un mecanismo de defensa, los chistes de Alberto Fernández tienen un costo social devastador. Es el relato de un hombre que se siente un espectador ajeno a su propio desastre; un comediante involuntario que logró superar a Chaplin en el arte del absurdo, pero dejando una deuda interna que ninguna risa podrá saldar jamás.