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Terrorismo: la vuelta de lo viejo

Este fenómeno ha llegado para quedarse, como una monstruosa Hidra le siguen apareciendo cabezas, sin importar cuántas veces antes les hayan sido cortadas

26 de abril, 2019 - 15:04

Lamentablemente, ya no son pocos los artículos que le hemos tenido que dedicar al fenómeno del terrorismo. Hemos, por ejemplo, hablado del terrorismo catastrófico, en ocasión del 11S; del terrorismo religioso, no hace mucho en ocasión de los ataques en Nueva Zelanda, cuando alertábamos sobre el resurgimiento del fanatismo en todas ellas y hasta del terrorismo ‘low cost’ con el surgimiento de los denominados lobos solitarios.

Ahora, para nuestra sorpresa tenemos que escribir sobre uno que es viejo y se lo cría superado, pero que ha reaparecido. 

Concretamente, la semana pasada, una periodista británica fue atacada a tiros y asesinada por una facción continuista del viejo IRA o Ejército de Liberación Irlandés. Y, como si esto fuera poco, una serie de terribles atentados sacudieron el pasado domingo de Pascua en Sri Lanka, con más de 300 muertos, al traer a la vida una organización terrorista, la de los Tigres Tamil, que se consideraba derrotada en el 2002.

Si bien la participación de ambas viejas organizaciones terroristas no ha sido reivindicada por sus voceros, como es habitual, hay muchas pistas que nos llevan hasta ellas. 

Para empezar, el caso británico debemos recordar que el IRA, el Ejército Republicano Irlandés, fue un movimiento paramilitar formado en 1917, a partir de voluntarios Irlandeses que se negaron a alistarse Primera Guerra Mundial y que se organizaron para luchar por la independencia de su patria, Irlanda. 

Entre 1919 y 1921, el IRA libró lo que se denominó como la Guerra de Independencia de Irlanda, mediante técnicas de guerrillas contra las fuerzas británicas de ocupación, conformadas por el ejército británico, la Policía Real de Irlanda y sus fuerzas paramilitares, como la Policía Especial de Auxiliares. 

En mayo de 1921, Irlanda fue finalmente dividida bajo la ley del gobierno de Irlanda, que creó a Irlanda del Norte como un territorio dependiente de la corona británica y al Estado Libre de Irlanda como una Nación independiente.

Pese a estos acuerdos, esporádicos episodios de violencia estallaron entre los unionistas protestantes y los nacionalistas católicos. Acciones que recrudecieron durante la década de 1960 y que recibieron el nombre de The Troubles (Los Problemas). Los que alcanzaron su pico máximo de tensión el 30 de enero de 1972, en el denominado ‘Domingo Sangriento’, durante el cual, el Primer Regimiento de Paracaidistas abrió fuego contra una multitud, matando a 14 personas. Posteriormente, con los acuerdos del Viernes Santo de 1989, se logró un acuerdo de paz, pero la violencia ha continuado apareciendo en episodios esporádicos a lo largo de todos estos años. 

Para seguir, vemos un patrón similar en el caso de los Tigres Tamiles de Sri Lanka. Una organización fundada en 1976 en la isla-país de Sri Lanka (antigua Ceilán), con intenciones separatistas y que luchó contra el gobierno de la República Democrática Socialista de Sri Lanka en una guerra civil que duró 26 largos años (1983–2009).

Finalmente en 2009, una gran ofensiva del ejército restableció el poder gubernamental sobre las zonas controladas por los rebeldes tamil, incluidas las grandes ciudades. Los tigres tamiles quedaron relegados a un área selvática de apenas 200 kilómetros cuadrados, ocultos entre la población rural en una  franja, previamente establecida, como de no agresión por ambas partes. 

Hasta la semana pasada ambos conflictos se consideraban bajo control. Pero algo parece haberlos vuelto a despertar.

En el caso de los Tigres Tamiles, que es el que menos conocemos. Sabemos que ellos no han reivindicado el atentado del domingo de Pascuas. Uno que se parece mucho a los llevados a cabo por grupos islamistas fundamentalistas. Sin embargo, siguen siendo sospechosos. De hecho, tienen en su larga historia terrorista el haber sido los primeros en utilizar atacantes suicidas y, también, en haber empleado mujeres para su concreción. 

En el caso del IRA, que es el que más conocemos, habíamos dicho que el Brexit sin acuerdo podría llegar a tener manifestaciones violentas. Ya sabíamos que desde los primeros fracasos de la primera ministra británica, Theresa May para concretar una salida negociada de la UE, las fuerzas policiales y militares habían sido desplegadas en la vieja muralla que separa las fronteras de las dos Irlandas. 

Hoy, tras la muerte de la periodista, la Gran Bretaña se encuentra en alerta máxima en previsión de una escalada terrorista a cargo del denominado “Continuity Irish Republican Army”, el CIRA, o la Continuidad del Ejército Republicano Irlandés. Cuyo objetivo es lograr la unificación de las dos Irlandas, en forma independiente y fuera de la férula de dominio británico. 

También probablemente, en un exceso de imaginación, pero no sin fundamentos, hemos sostenido que esta situación junto a otras que se están dando contra los dominios británicos de ultramar –como el del Peñón de Gibraltar y el de las Islas de Changos– bien pueden favorecer nuestros reclamos por las Islas Malvinas. Veremos.

Lo que sí tienen en común ambos movimientos es que reivindican una causa nacional. El IRA el de una Irlanda independiente y unificada y el de los Tigres Tamil conformar un Estado independiente para su etnia tamil en la mayoritariamente cingalesa, Sri Lanka. 

Siendo estas las causas principales de sus respectivas luchas, no puede descartarse la religión como un elemento catalizador. El Catolicismo para los primeros y el Islam y el Hinduismo para los segundos. 

Sea como sea, el terrorismo es un fenómeno que ha llegado para quedarse. Como una monstruosa Hidra le siguen apareciendo cabezas, sin importar cuántas veces antes les hayan sido cortadas.

 

Emilio Magnaghi es el director del Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa Nacional Santa Romana. Autor de El momento es ahora y El ABC de la Defensa Nacional.