Ucrania lanzó una contraofensiva masiva con más de 400 drones dirigidos hacia Moscú, marcando una de las mayores andanadas contra la capital rusa desde el inicio del conflicto. El ataque ocurre pocas horas después de un bombardeo ruso sobre Kiev con misiles balísticos, evidenciando un implacable ciclo de represalias entre ambas naciones.
Crisis política interna en Kiev
Mientras las fuerzas militares golpean la infraestructura logística y depósitos de petróleo rusos a más de 400 kilómetros de la frontera, el presidente Volodymyr Zelenski enfrenta una fuerte tensión política en las calles.
La reciente remoción del ministro de Defensa, Mykhailo Fedorov, desató intensas protestas de ciudadanos que respaldan al joven innovador frente a la continuidad del general de la era soviética, Oleksandr Syrskyi. Zelenskyy busca mantener el equilibrio estratégico y desactivar la división interna entre la vieja guardia y los nuevos mandos tecnológicos.
El masivo despliegue de drones afectó zonas residenciales e industriales en las afueras de Moscú, registrando al menos diez heridos y provocando incendios en complejos logísticos.
La evolución tecnológica de los vehículos aéreos no tripulados ucranianos expone las dificultades de Rusia para proteger su enorme extensión territorial, afectando directamente su suministro de combustible. Sin embargo, las fuerzas del Kremlin intensificaron el uso de misiles balísticos de alta velocidad, dejando a las defensas antiaéreas de Ucrania con un margen de reacción mínimo frente a las alertas.