El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, asistió por primera vez a un partido del Mundial 2026 y eligió el escenario perfecto: la gran final entre la Selección Argentina y España en Nueva York/Nueva Jersey. Lejos de mantener un perfil bajo, el mandatario se convirtió en el gran protagonista de la jornada gracias a un inédito permiso de la FIFA que le permitió entregar la codiciada Copa del Mundo junto a su amigo, Gianni Infantino, rompiendo la inquebrantable tradición de que el jefe de Estado anfitrión no participe de esta ceremonia.
El elogio a Messi y la búsqueda de protagonismo
Al llegar al imponente estadio, el líder republicano sorprendió a la prensa al ser consultado sobre sus preferencias para el decisivo encuentro. Fiel a su estilo, evitó dar un pronóstico cerrado, pero dejó una frase contundente: "No voy a elegir favoritos, pero es difícil apostar contra Messi. Es grande". Además, destacó que el presidente argentino, Javier Milei, es "un buen amigo" que "ha hecho un gran trabajo".
Este controversial movimiento de Trump no es casual. En un contexto de baja popularidad y en medio de un escenario económico y geopolítico complejo, el mandatario busca capitalizar la masividad del "soccer" de cara a las próximas elecciones legislativas. Su estrecha relación con Infantino le permitió no solo adueñarse de los flashes en la histórica premiación, sino también estar en el centro de la escena ante millones de espectadores de todo el planeta.
Desde el palco de autoridades, acompañado por su esposa Melania y rodeado de líderes mundiales como el Rey Felipe de España y mandatarios de Norteamérica, Trump dejó claro que la cita deportiva fue un éxito, consolidando su imagen en un cierre a puro show.

