El regreso de Donald Trump al centro de la escena internacional reaviva una de las tensiones más peligrosas del siglo XXI: la carrera nuclear iraní. Según explicó el especialista Julián Gadano, para Estados Unidos y el bloque occidental, que Teherán alcance el estatus de potencia atómica representa una "línea roja" infranqueable. Tras los ataques registrados en 2025 a las plantas de Natanz y Fordow, la capacidad operativa del régimen ha quedado severamente dañada, pero el interrogante sobre sus reservas de uranio sigue latente.
El dilema del uranio enriquecido
Gadano destaca que Irán llegó a poseer 500 kilogramos de uranio enriquecido al 60%, un nivel que carece de fines pacíficos justificables. "Si tenés un tubo de ensayo te creo, si tenés 500 kilos no", sentenció el experto, señalando que el paso del 60% al 90% necesario para una bomba es solo una cuestión de tiempo técnico. El objetivo estratégico de Trump y sus aliados es asegurar que este material sea diluido o trasladado fuera de territorio iraní para evitar que caiga en un mercado negro o sea recuperado por el régimen.
La situación se vuelve más opaca con la participación de potencias como Rusia, que se ha ofrecido como custodio del material, una opción que Occidente mira con recelo. Mientras tanto, Israel mantiene su postura de proliferación opaca, poseyendo armas nucleares como ventaja estratégica desde la década del 70. En este tablero de ajedrez, la figura de la Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) aparece como la única vía diplomática posible, aunque Gadano advierte que los incentivos actuales para que Irán ceda sus reservas son prácticamente inexistentes.