Chile activó su "Plan Estratégico Antártico 2026-2030", una ambiciosa hoja de ruta para fortalecer su presencia efectiva en el Mar de Weddell. Con la plena operatividad del nuevo rompehielos Almirante Viel y la modernización de las bases O'Higgins y Frei, el país trasandino busca consolidar su proyección en zonas inexploradas del continente blanco.
Esta maniobra logística y militar no es casual: responde a una competencia directa con Argentina y el Reino Unido por el control territorial. El despliegue ocurre en un contexto de incertidumbre global sobre la futura renovación del Tratado Antártico, posicionando a Chile como un actor dominante en la disputa por la soberanía austral.