Cuba ha iniciado el giro económico más radical de su historia reciente. En un trámite exprés e inédito, el Comité Central del Partido Comunista y la Asamblea Nacional ratificaron un paquete de 175 medidas que abren la isla al capital privado. Impulsado por el presidente Miguel Díaz-Canel, este plan busca contener una crisis estructural en caída libre, con una contracción proyectada del 7,2% para 2026, y responder a la máxima presión de Estados Unidos, cuyas sanciones secundarias provocaron la salida masiva de empresas extranjeras. Para evitar el colapso absoluto, el gobierno convocó incluso a economistas críticos del gobierno en un giro político sin precedentes.
Las claves del giro histórico: ¿Qué cambia en la isla?
El denominado Programa Económico y Social para 2026 redefine las reglas del juego al asumir el mercado como un instrumento eficiente de recursos. Entre los cambios más drásticos se encuentra la eliminación progresiva de los subsidios de la libreta de racionamiento, lo que obligará a que los alimentos básicos se rijan por precios de mercado. Asimismo, se autorizan grandes empresas privadas sin límite de tamaño y se permite que los cubanos posean más de una sociedad comercial.
La reforma también golpea el monopolio financiero estatal: por primera vez, se permitirá la inversión privada en el sector bancario y los ciudadanos podrán abrir cuentas en divisas, operando las remesas por fuera del control exclusivo del Estado. Además, las empresas públicas se transformarán en sociedades por acciones y se habilitará la compraventa de inmuebles estatales a residentes y cubanos en el exterior. Aunque Díaz-Canel insiste en que el modelo se inspira en China y Vietnam para preservar el proyecto socialista, el impacto en la vida cotidiana marca el fin de una era de control absoluto.