Vladimir Putin no busca solo aliados, busca ser el eje del tablero internacional. Mientras sostiene la guerra en Ucrania, el Kremlin profundiza su relación con Irán, pero con un objetivo ambicioso: actuar como el "broker" geopolítico de Medio Oriente.
A diferencia de Estados Unidos, Rusia mantiene canales abiertos con enemigos irreconciliables, como Israel y los Países del Golfo. Esta postura le permite subir su "precio" como negociador. Putin necesita que Irán sea una potencia avanzada para incomodar a Occidente, pero sin cruzar el umbral del arma nuclear, manteniendo así una inestabilidad controlada que lo vuelve un actor necesario para la paz.