La estabilidad en el Estrecho de Ormuz sufrió un giro dramático este sábado. Apenas 24 horas después de anunciar su sorpresiva reapertura, la Guardia Revolucionaria de Irán restableció un "control estricto" sobre esta vía estratégica, revirtiendo la distensión y elevando el riesgo de un conflicto a gran escala en Oriente Medio. La medida responde directamente al bloqueo naval que Washington mantiene sobre los puertos de la República Islámica, dejando claro que el paso no será liberado sin concesiones.
Ataques directos y tensión en el mercado energético
El endurecimiento de las medidas no es solo retórico, sino que ha escalado a la acción militar directa. La Agencia de Seguridad Marítima del Reino Unido (UKMTO) reportó que lanchas patrulleras iraníes abrieron fuego contra un buque petrolero que intentaba navegar por el canal. Este incidente armado subraya la gravedad del bloqueo casi total en una ruta por la que circula una porción vital del crudo mundial. Según el Mando Militar iraní, no se permitirá el libre tránsito mientras persistan las sanciones de Estados Unidos, consolidando una postura de asfixia comercial recíproca.
Mientras la navegación marítima se detiene, Teherán optó por una táctica dual al reabrir su espacio aéreo a la aviación civil para aliviar parte de la presión diplomática. No obstante, la vigilancia militar en Ormuz se mantiene inquebrantable, dejando a las tripulaciones internacionales en una situación de peligro inmediato. Esta situación pone al precio del petróleo bajo una presión extrema, mientras la comunidad internacional observa con preocupación cómo los esfuerzos de los mediadores se desvanecen frente a la presencia naval creciente en la zona. El mundo enfrenta ahora la incertidumbre de una crisis que parece lejos de resolverse.

