El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, anunció una drástica reestructuración del Estado que incluye la reducción de ministerios y el recorte de la planta permanente de empleados públicos. La medida genera un fuerte impacto social debido a que el sector gubernamental concentra más del 95% del empleo formal en la isla.
Acorralado por un colapso energético histórico, apagones crónicos y la falta de insumos básicos, el Palacio de la Revolución se ve obligado a archivar la clásica prédica revolucionaria para aplicar un severo plan de ajuste fiscal, mientras intenta abrir el mercado a la inversión privada y mitigar las sanciones externas.