Marcos Novaro explica en Sin Verso como a diferencia de la crisis secuencial argentina, Bolivia sufrió un colapso económico abrupto a fines de 2024 debido al derrumbe de su producción de gas. Durante dos décadas, el modelo oficialista dependió exclusivamente de la renta energética sin desarrollar otras industrias, reduciendo las exportaciones de 5.000 millones de dólares a poco más de 1.000 millones.
Este desplome fiscal disparó la inflación y la pobreza, desatando masivas protestas sindicales que hoy exigen la renuncia del presidente Rodrigo Paz. Para analistas, la salida no es la represión ni el retorno al populismo de Evo Morales, sino una negociación interna respaldada por urgente financiamiento externo, emulando la estabilización financiera de Argentina.