Un devastador temporal de lluvia y vientos huracanados golpea sin piedad a Chile, sumiendo a gran parte del país en un estado de emergencia absoluta. Este fenómeno, catalogado por los expertos como el peor vendaval climático de las últimas dos décadas, ya afecta a diez de las dieciséis regiones del territorio, dejando un saldo trágico de al menos tres personas fallecidas y forzando la evacuación preventiva de cientos de ciudadanos.
Un "tren de tormentas" con consecuencias fatales y apagones masivos
Según informó Ulises Addamo en Sin Verso, las víctimas fatales reflejan la violencia de las ráfagas y las inundaciones: un trabajador murió aplastado por un árbol en la región del Biobío mientras despejaba una ruta, un hombre cayó del techo de su casa al intentar limpiar las canaletas en La Araucanía, y otra persona sufrió una descarga eléctrica letal en la capital de Santiago.
Ante la magnitud de la catástrofe, el Gobierno ha desplegado equipos de emergencia en múltiples zonas. El impacto en la infraestructura es severo, con más de medio millón de hogares sin suministro eléctrico, principalmente en las zonas del sur como Biobío y La Araucanía. Las autoridades advirtieron que la intensidad de este sistema frontal, originado por un inusual tren de tres tormentas, aún no ha alcanzado su punto máximo, esperando precipitaciones que podrían superar los 250 milímetros en las próximas 48 horas.
Frente a este escenario crítico, signado por marejadas violentas que inundaron áreas costeras y vientos superiores a los 100 kilómetros por hora, se decretó la suspensión de clases presenciales en nueve regiones. El meteorólogo Arnaldo Zúñiga confirmó la excepcionalidad del evento, asegurando que desde hace más de veinte años no se registraba un temporal de esta magnitud en el país, obligando a priorizar el autocuidado de toda la población.