Nadie duda de que la tecnología llegó hace rato para modificar la manera de informarse. Los viejos diarios de papel dejaron lugar a los sitios web, la radio hoy se convirtió en streaming y podemos ver a los conductores, y la televisión está dejando paso, poco a poco, al on demand: es el espectador el que elige qué ver, y cuándo.
Pero siempre hubo adelantados. Por un lado, Mario Pergolini presentaba, allá por el 2012, la plataforma Vorterix: podíamos escuchar la radio, podíamos ver a los locutores, y dentro de esa página podíamos elegir una lista de música, bajar wallpapers o animaciones para nuestros dispositivos.
Sin embargo, hubo alguien que se le adelantó: Jorge Lanata regalaba uno de sus programas en formato CD, acompañando a la antigua revista Veintiuno. Eran los finales de 1999, y el periodista se animaba a "empacar" un programa para ser reproducido en cualquier equipo de sonido, incluyendo un discman. Ese programa se llamó "Ruidos Molestos", y fue uno de los pioneros en llegar al público de una manera alternativa.
Lanata comenzaba el audio, de apenas veinticinco minutos, con un "Es muy extraño... es extraño... es raro", aludiendo a que ese programa, a diferencia de los de la radio, quedaría fijo por mucho tiempo. Y allí mismo filosofaba acerca del tiempo, la trascendencia, y también la realidad que golpeaba al país en los finales de una década.
El programa consistía en voces pregrabadas de algunos políticos, con la participación de Lanata haciendo chistes, y también llevando a los oídos futuros un poco de la reflexión de un año que se anticipaba a cambios trascendentales en el país.
Este 30 de diciembre murió Jorge Lanata. Un periodista amado y odiado, un hombre que supo dar una vuelta de rosca a la comunicación. Un tipo que, como alguna vez dijo, "soy periodista porque no sé. Y yo quiero saber".


