El mundo de la música está de luto. Roberto "Fats" Fernández, el hombre que hizo de la trompeta una extensión de su alma, falleció a los 88 años. Nacido y criado en el barrio porteño de La Boca, Fats se convirtió en la figura máxima del jazz en Argentina, logrando un prestigio que trascendió fronteras y lo sentó en la misma mesa que las leyendas internacionales del género.
Una trayectoria entre gigantes
Su currículum impresiona a cualquier melómano. Formó parte del quinteto del Gato Barbieri y fue reconocido como "el trompetista latino" de la Georgians Jazz Band. Su talento le permitió compartir escenario y grabaciones con astros de la talla de Ray Charles, Dizzy Gillespie, Chick Corea y Paquito de Rivera.
A pesar de codearse con la élite mundial, Fats nunca olvidó sus raíces. Empezó a tocar a los seis años en el Colegio Don Bosco y a los catorce ya era un profesional. Su versatilidad lo llevó a unir el jazz con el tango, confesando que la sensibilidad de "Pichuco" Troilo o D'Arienzo siempre estuvo presente en su fraseo al soplar la trompeta.
Mendoza: su refugio y su gente
La historia de Fats Fernández tiene un capítulo fundamental en Mendoza. Lo que empezó como viajes infantiles a la finca de sus parientes, se transformó en una relación de respeto y cariño mutuo. Fue en territorio mendocino donde, de niño, escuchó por primera vez un disco de Dizzy Gillespie, un hecho que marcaría su destino para siempre.
En 1996, su lazo con la provincia se selló de manera institucional y afectiva. Invitado por la dirección de Cultura de Rivadavia, el músico se instaló diez días en el departamento para ofrecer clínicas y conciertos. Su generosidad con los músicos locales y su calidez humana hicieron que fuera nombrado Ciudadano Ilustre de Rivadavia, un título que portaba con el mismo orgullo que sus premios internacionales.

