El histórico aislamiento que sufren las comunidades andinas está cerca de llegar a su fin gracias a un innovador megaproyecto de infraestructura. Según un detallado informe de José Urrutia, el nuevo ferrocarril trasandino, estructurado bajo el nombre de Corredor Bioceánico Longotoma, promete convertirse en el motor definitivo para el resurgimiento de los pueblos de montaña a ambos lados de la cordillera.
Tras más de cuatro décadas de inactividad ferroviaria, localidades mendocinas emblemáticas como Uspallata y Las Cuevas, junto a la región de Los Andes y el Valle de Aconcagua en Chile, verán reactivadas por completo sus economías locales gracias a un flujo constante de logística y turismo.
Una megaobra de ingeniería inmune al invierno andino
La viabilidad de esta monumental obra, estimada en 9.600 millones de dólares, se encuentra sólidamente respaldada por la alianza estratégica entre una firma chilena y el gigante inversor indio Nusantara, con sede en Singapur. Este consorcio internacional aporta no solo el capital, sino también la experiencia tecnológica global para ejecutar una obra de altísima complejidad técnica.
El corazón del proyecto radica en la construcción de un túnel de baja altura de 54 kilómetros que perforará la roca, complementado con una doble vía electrificada de 420 kilómetros alimentada por energías limpias. A diferencia del Paso Cristo Redentor, propenso a constantes bloqueos por temporales, este tren garantizará una conectividad ininterrumpida los 365 días del año, impulsando la hotelería, el empleo y devolviendo el protagonismo histórico a la región.