Por Ciudadano.News
14 Octubre de 2025 - 08:41
La posibilidad de firmar un Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos se presenta como una vía para modernizar y dinamizar la economía argentina. Según se especula, el anuncio del convenio se haría tras la reunión de este martes entre Javier Milei y Donald Trump en el Salón Oval de la Casa Blanca.
En caso de concretarse el anuncio, las ventajas potenciales para Argentina se centran en la apertura de mercados, la atracción de inversión y la diversificación comercial.
La principal promesa es el acceso ampliado a un mercado gigante para las exportaciones de nuestro país, especialmente en los sectores agroindustrial, energético (como el GNL) y de servicios basados en el conocimiento, como software y fintech.
Por otra parte, la eliminación de aranceles y la simplificación de barreras no arancelarias podrían impulsar volúmenes de venta y diversificar los destinos, reduciendo la dependencia de Brasil y China.
Además, un TLC con EE.UU. se interpreta como una señal de estabilidad jurídica y reglas de juego claras, fundamentales para atraer Inversión extranjera directa. Esta inversión podría traducirse en transferencia de tecnología, mejoras en la productividad e impulso a la creación de empleo calificado.
Por otra parte, las industrias argentinas se beneficiarían del acceso a bienes intermedios, ya que la reducción de aranceles sobre maquinaria, equipos y componentes provenientes de EE. UU. abarataría los costos de producción, elevando su productividad y capacidad de modernización.
En esencia, la principal ventaja es la posibilidad de integrar la economía argentina a las cadenas de valor globales con el socio económico más influyente del mundo, promoviendo la competencia y la eficiencia.
La encrucijada del Mercosur: ¿integración o flexibilidad?
Sin embargo, las desventajas son notables y generan fuerte resistencia interna, dado que la competencia desigual es el riesgo más latente.
Industrias argentinas sensibles, como la textil, del calzado o algunas ramas manufactureras, podrían verse avasalladas por la entrada de productos estadounidenses más baratos y producidos a escala. Además, históricamente, la balanza comercial con EE.UU. ha sido deficitaria para Argentina, una tendencia que un TLC podría acentuar.
El dilema más complejo radica en la compatibilidad del TLC bilateral con el estatus de Argentina como miembro pleno del Mercado Común del Sur (Mercosur), una unión aduanera que prohíbe a sus miembros negociar acuerdos de libre comercio de bienes con terceros países sin la participación del bloque.
Desafío a la Unión Aduanera
El Mercosur se rige por un Arancel Externo Común (AEC) y una política comercial coordinada. Un TLC Argentina-EE.UU. rompería directamente con la disciplina del bloque, ya que implicaría aranceles preferenciales para productos estadounidenses que no se aplicarían a los demás socios del Mercosur.
Para avanzar, Argentina tendría tres caminos, todos complejos:
La opción menos disruptiva, pero la menos probable, es que Mercosur negocie un TLC con EE.UU., algo que los miembros no han logrado consensuar.
En ese caso, la Argentina podría presionar para modificar la normativa y obtener una dispensa que le permita negociar acuerdos bilaterales sin abandonar el bloque, profundizando así el esquema de excepciones arancelarias ya existente.
Finalmente, la opción más radical, planteada por algunos sectores, es que Argentina abandone el Mercosur para ganar plena autonomía comercial. Sin embargo, esto implicaría renegociar completamente la relación con Brasil, el principal socio comercial e industrial de nuestro país, especialmente en el sector automotriz y energético, generando un caos comercial a nivel regional.
Impacto geopolítico regional
Por otra parte, un acuerdo con EE.UU. podría tensar la relación con Brasil, históricamente el motor y referente del Mercosur. Si Argentina prioriza una alianza con Washington, se podría debilitar la cohesión regional y poner en peligro la integración económica sudamericana. Este movimiento sería visto como un giro geopolítico hacia el Norte, distanciándose del eje regional.
En este escenario, la firma de un TLC con Estados Unidos, si bien podría catalizar la inversión y el crecimiento de sectores competitivos a nivel global, exige una estrategia de fortalecimiento industrial previa y, sobre todo, una definición clara sobre el rol de Argentina en el Mercosur.
La clave será encontrar un equilibrio entre la apertura necesaria y la preservación de la estructura productiva y la integración regional.
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