El INDEC confirmó que la inflación de mayo se ubicó en el 2,1%, marcando el segundo mes consecutivo de desaceleración en el país. Sin embargo, la contracara de esta aparente estabilización es un escenario económico cada vez más restrictivo y preocupante para la actividad comercial, el empleo y el poder adquisitivo en la provincia de Mendoza.
El ancla de la recesión y su impacto local
Según el exhaustivo análisis del ingeniero y economista Miguel Ponce, el gobierno está utilizando tres "anclas" muy duras para lograr esta desinflación: el retraso cambiario, el congelamiento de ingresos y una recesión inducida. En la provincia, esto se traduce de manera directa en una caída estrepitosa de las ventas tanto en grandes supermercados como en comercios de cercanía.
Al tener los salarios pisados —incluyendo jubilaciones e ingresos de trabajadores informales— y enfrentar tarifas de servicios cada vez más altas, el ingreso disponible de las familias mendocinas se achica drásticamente mes a mes, reduciendo el consumo a lo estrictamente esencial. Ponce denomina a este delicado fenómeno como "receflación": una profunda caída de la actividad económica que, paradójicamente, todavía convive con niveles de inflación altos.
Además, el especialista advirtió sobre la alarmante falta de inversión privada y extranjera directa, factor que destruye puestos de trabajo industriales y suma presión a las pymes locales. La pregunta ineludible que plantea este escenario es hasta cuándo podrá el entramado comercial mendocino sostener este nivel de ajuste.