El Mundial 2026 marca un quiebre comercial histórico en el fútbol. Tras sellar una alianza con la firma estadounidense Fanatics, la FIFA implementó un sistema de parches exclusivos en las mangas de los jugadores que replica el exitoso modelo de la NFL y la NBA.
Las insignias, que distinguen desde campeones hasta debutantes, se retiran después de cada partido oficial. Luego, se indexan en tarjetas de edición limitada destinadas al mercado de subastas, donde prometen recaudar millones de dólares. Así, las prendas de figuras como Lionel Messi se transforman en verdaderas gemas del coleccionismo global.