El debut de Irán en el Mundial 2026 superó los límites de lo estrictamente deportivo. Luego de empatar 2 a 2 frente a Nueva Zelanda en el SoFi Stadium de Los Ángeles, el plantel asiático protagonizó un tenso cruce de declaraciones debido a las severas restricciones migratorias de Estados Unidos, que obligaron al equipo a hospedarse en Tijuana y viajar solo los días de partido con visas que vencen en la misma jornada.
Reclamos en el vestuario ante la FIFA
La alarmante situación logística, que incluyó la denegación de visados para 11 miembros del cuerpo técnico y la quita del cupo de entradas para sus hinchas, llevó al entrenador Amir Ghalenoei a calificar a Irán como "la selección más oprimida del Mundial". Frente a este adverso panorama, el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, visitó sorpresivamente el vestuario para intentar calmar las aguas y elogiar la resiliencia de los futbolistas. "Están escribiendo historia y todo el mundo los está observando", les transmitió el dirigente suizo, buscando descomprimir la evidente incomodidad.
Sin embargo, el plano político dominó la jornada. Los jugadores ingresaron al estadio luciendo pines dorados con el número 168, en homenaje a las víctimas de un bombardeo escolar durante el reciente conflicto bélico con Estados Unidos e Israel. El capitán Mehdi Taremi alzó la voz en conferencia de prensa y aseguró de forma tajante que "la tensión política contradice el mensaje de paz" que promulga el organismo internacional. A pesar de que la tregua entre las naciones parece encaminarse, el combinado iraní evitgó referirse de manera directa al conflicto y reafirmó su postura de jugar únicamente para llevarle alegría a su pueblo, mientras le exige a la FIFA garantías de competencia justa para el resto de la fase de grupos.