Por Martín Gastañaga
26 Abril de 2022 - 07:44
Los casos de violencia contra niños y adolescentes, en sus diversas manifestaciones, son un flagelo social grave que parece acentuarse con el paso del tiempo. Tomando diferentes formas, los expertos distinguen básicamente cuatro tipos de maltrato: el físico, psicológico, por negligencia y también del abuso sexual a niños, niñas y adolescentes.
Verónica Vatzlav, psicóloga e integrante del Programa de Prevención de Maltrato a la Niñez, Adolescencia y Familia –que depende del Ministerio de Salud, específicamente de la Dirección de Salud Mental–, brindó un amplio panorama sobre la situación en que estamos en nuestra provincia respecto de este tema, arrancando por el área de incumbencia de su propia dependencia: “La situación es difícil, complicada, son muchos los casos de violencia intrafamiliar. Cuando hablo de violencia intrafamiliar hablamos de cuatro tipos de maltrato: el físico, el psicológico, por negligencia y abuso sexual”.
El programa es, además, el encargado de llevar las estadísticas de la provincia, y resaltan que son muchas las situaciones. “Lo que nosotros creemos es que las situaciones de violencia, no sé si se incrementaron, pero al no ir al colegio –que es un lugar donde los chicos encuentran contención, los escucha la seño, la preceptora o el profe, que activa un circuito a donde pueden contar lo que les pasa– no se incrementaron las denuncias, pero sí las situaciones. No se visibilizaron quizá, las situaciones de violencia siguieron siendo las mismas, el problema fue la visibilización”.
Un poco previendo estas situaciones, fue que UNICEF alertó de esto, y pedía a los gobiernos que se abrieran por eso las escuelas. Sobre el particular, la profesional indicó: “Mendoza abrió bastante más rápido que otras provincias, pero es así. Creo que esa alerta estuvo buena. También estuvo bueno que, desde la DGE, del mismo programa de Prevención de Maltrato nos acercáramos a los domicilios”, una práctica que se implementó, aunque con una contra, porque “al seguir en el ámbito familiar no estaba dada la posibilidad de hablar. No es lo mismo, cuando tu cuidador está a tu lado y te preguntan cómo estás, no es tan fácil decir lo que está pasando”. Si bien los profesionales están capacitados para entender alguna conducta que no sea por la palabra específicamente, sino por la mirada, la postura, el lenguaje del cuerpo, de todos modos la percepción se hizo más difícil.
Indicadores para observar
“Cuando hablamos de maltrato hay indicadores que son de sospecha y otros que son de certeza”, agregó Vatzlav. “Los de sospecha nos hacen pensar que a ese niño, niña o adolescente algo le está pasando, porque es muy retraído o hubo un cambio de conducta, no sale a los recreos o era un chico tranquilo y está agresivo. Esos cambios a nosotros nos dicen que algo está pasando. Eso es de sospecha, porque no necesariamente que algo pase es violencia. Pero eso nos hace pensar que el niño está en una situación donde necesita ser escuchado o cierta atención”.
En cambio, “hay otros indicadores que son los de certeza: el más importante es el relato, que es cuando los chicos cuentan algo, o un golpe, una marca. El golpe también puede haber sido generado por otra situación, pero se tiene en cuenta el relato más allá del moretón. Eso nos tiene que hacer pensar”.
Desde la dirección dictan cursos de capacitación donde trabajan estos indicadores para los tipos de maltrato, y capacitan sobre las leyes vigentes. “Los indicadores nos ayudan a darnos cuenta en ese niño que no relata estos cambios de conducta que puede haber, que son particulares porque depende de cada niño, no todos somos iguales”, precisó.
Finalmente, la psicóloga explicó: “A nosotros nos interesa hablar algo: si bien es la lucha contra el maltrato, en realidad queremos promocionar el buen trato. Todas las conductas que tengan que ver con el cariño, afecto, diálogo. Si hay diálogo en la familia hay buen trato, si hay cariño, si hay alguien que nos abrace, alguien que nos mire. La idea es hacer prevención del maltrato con la promoción del buen trato”, precisando que “desde el programa no aceptamos ningún coscorrón, ni un tirón de orejas. Pero, a veces, hay situaciones donde los papás tienen problemas, llegan mal a su casa y estas cosas ocurren. Aunque esa situación sea única es maltrato, pero a la hora de trabajar con la familia y los chicos esto se tiene en cuenta. No es lo mismo un episodio aislado, que el maltrato como manera de educar a los hijos. Nosotros hablamos de crianza respetuosa, que insta al diálogo”.
¿Cómo detectarlo?
Alejandra Perinetti, directora nacional de Aldeas Infantiles SOS Argentina, difundió un artículo con las claves que deben observarse para detectar maltrato. “El maltrato físico, el abuso sexual, el maltrato psicológico y la negligencia son algunas de las principales formas de violencia y se pueden dar en la escuela, en el hogar o en la virtualidad. Todas implican un enorme impacto en el desarrollo y la salud mental de niños, niñas y adolescentes, que generan consecuencias negativas a corto y largo plazo. Además, el antecedente de haber sufrido violencia en la infancia aumenta dramáticamente las posibilidades de volver a padecerla en la adultez”, señaló.
“Hablar sobre el tema, visibilizarlo, es la principal herramienta para detectar las diversas formas que adquiere el maltrato, observar cambios significativos de conducta en el niño y/o la niña y promover espacios de diálogo y escucha atenta. Los chicos y chicas nunca mienten sobre algo que no deberían conocer, debemos creer en su relato y sufrimiento, ya que el peor daño que podemos hacer es naturalizar la violencia y por tanto habilitar la reiteración de este tipo de episodios. La principal estrategia de resiliencia para la víctima es sentirse escuchado, creído y contenido”, agregó, recomendando: “Ante una sospecha de maltrato podemos acudir a profesionales especializados e incluso a la Línea 102, un dispositivo de la Subsecretaría de Familia Niñez y Adolescencia que brinda contención y orientación sobre los pasos para el cuidado y protección de la infancia, y donde todas y todos tenemos la responsabilidad y obligación de denunciar cualquier forma de violencia contra niños, niñas y adolescentes”.
“También, resulta indispensable exigir al Estado que se comprometa desarrollando políticas públicas de calidad y estrategias de abordaje en todo el país, junto con la inversión de un presupuesto acorde al impacto de esta problemática. Necesitamos que se implementen más y mejores mecanismos de detección y respuesta frente a situaciones de violencia. No podemos permitirnos llegar tarde”, concluyó.
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