Por Ciudadano.News
21 Noviembre de 2025 - 09:09
El origen del beso es mucho más antiguo de lo que la cultura popular nos ha hecho creer, una conducta que la humanidad no inventó, sino que heredó de ancestros lejanos.
Esta es la impactante conclusión de un reciente estudio publicado en la revista científica Evolution and Human Behavior, que rastrea el gesto boca a boca hasta hace más de 21 millones de años, mucho antes de la aparición de los humanos modernos.
La investigación sugiere que el origen del beso se encuentra en el linaje común de los grandes simios.

El origen del beso: la raíz evolutiva
Mediante un extenso análisis comparativo y modelos filogenéticos, el equipo de la doctora Matilda Brindle, de la Universidad de Oxford, y sus colegas determinaron que el acto de besarse, tal como lo conocemos en su forma social o afectiva, ya estaba presente en el ancestro común de simios y humanos.
"Esta es la primera vez que se adopta una perspectiva evolutiva amplia para examinar el beso", explicó Brindle. "Nuestros hallazgos se suman a un creciente conjunto de trabajos que destacan la notable diversidad de comportamientos sexuales que exhiben nuestros primos primates", señaló.
El estudio se basó en la documentación de besos observados en diversas especies de primates, incluidos chimpancés, bonobos y orangutanes, y utilizó modelos estadísticos para reconstruir la probabilidad de que el rasgo existiera en antepasados extintos.
Esto coloca el origen del beso en un periodo de entre 21,5 y 16,9 millones de años atrás.
Lazos ancestrales y neandertales
La importancia de esta investigación va más allá de un simple dato cronológico. Al posicionar el gesto en la raíz de nuestro árbol evolutivo, el beso deja de ser visto exclusivamente como una invención cultural humana para ser considerado un rasgo ancestral compartido.

Los autores del análisis también postulan que este comportamiento no era ajeno a nuestros parientes más cercanos ya extintos: los neandertales.
Esta hipótesis se ve reforzada por estudios previos que sugieren que humanos modernos y neandertales compartían microbios orales y material genético, lo que implicaría un contacto estrecho, posiblemente a través de besos.
Por su parte, la doctora Catherine Talbot, coautora del estudio, indicó que "las normas sociales y el contexto varían enormemente entre las sociedades, lo que plantea la cuestión de si besarse es un comportamiento evolutivo o una invención cultural. Este es el primer paso para abordar esa cuestión".
En primates, se observa que el beso cumple funciones clave como el refuerzo de vínculos sociales, la reconciliación y el cuidado, sugiriendo una función biológica profunda que va más allá del cortejo sexual.
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