Por Ciudadano.News
29 Diciembre de 2025 - 16:11
Los descubrimientos arqueológicos no dejan de sorprender a una humanidad que trata de armar su pasado con piezas sueltas. Pero algunos de estos hallazgos sorprenden sobremanera, y muchas veces dejan a los contemporáneos con más interrogantes que certezas.

En 1936, durante unas excavaciones ferroviarias en una aldea cercana a Bagdad, apareció un objeto que desafiaba la cronología del progreso tecnológico. Lo que parecía un simple jarrón de arcilla de 14 centímetros de altura ocultaba en su interior una estructura inusual: un cilindro de cobre y una vara de hierro, aislados con asfalto.
Este artefacto, datado en el periodo Parto (entre el 248 a.C. y el 226 d.C.), fue identificado por el arqueólogo Wilhelm König como una rudimentaria celda electroquímica, bautizándola mundialmente como la "Batería de Bagdad".
Sorpresas desde la prehistoria
El funcionamiento de este dispositivo guarda un parecido asombroso con las pilas que utilizamos actualmente. Según las investigaciones, al llenar el jarrón con un líquido conductor o electrolito -que en aquella época pudo haber sido algo tan común como el zumo de uva o el vinagre-, se producía una reacción química capaz de generar una corriente de entre uno y dos voltios.

Aunque parezca una cantidad de energía insignificante, para los estándares de la época representaba un avance tecnológico sin precedentes. Porque después de tantos años de considerar al pasado como un rompecabezas que se sumerge en lo básico, asombra pensar en un elemento cercano a los estándares mecánicos de la actualidad.

¿Uso científico o almacenamiento sagrado?
A pesar de la fascinación que despierta, la comunidad científica se divide sobre su verdadera utilidad. Una de las teorías más aceptadas es que estas baterías se empleaban para la galvanoplastia, un proceso que permite recubrir objetos de plata con una fina capa de oro mediante electricidad. Pero los más escépticos argumentan que no se han encontrado restos químicos definitivos de electrolitos y sugieren que los jarrones pudieron servir simplemente para proteger pergaminos antiguos.

Independientemente de si se usaron para la joyería o para asombrar a los fieles en rituales religiosos, la Batería de Bagdad nos invita a reflexionar sobre cuánto conocimiento del pasado se ha perdido con el tiempo. El hallazgo demuestra que la inventiva humana no tiene límites y que la "era de la electricidad" pudo haber tenido sus primeros destellos mucho antes de lo que dictan nuestros libros de historia.
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