Por Ciudadano.News
5 Noviembre de 2025 - 13:46
Un informe realizado por el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA), revela que el 15% de los asalariados en el país no logra alimentarse adecuadamente por falta de recursos, es decir que la inseguridad alimentaria ya no es una problemática exclusiva de los sectores en situación de indigencia o informalidad laboral.
Ianina Tuñón, investigadora del Observatorio, explicó en diálogo con Sin Verso los alcances del informe y añadió que "el 7% de los trabajadores formales" también se ve afectado.
"El fenómeno refleja un cambio estructural en la forma en que los hogares distribuyen sus gastos", sostuvo Tuñón. Según el estudio, el aumento en el peso de los servicios esenciales como luz, gas y agua, además de las cuotas escolares y las prepagas, ha obligado a muchas familias a reducir la calidad y cantidad de sus alimentos.
"Un hogar con inseguridad alimentaria es aquel que, por problemas económicos, ha tenido que bajar su ingesta en cantidad y calidad. La situación más severa es cuando afecta la alimentación de los niños", explicó la investigadora.
Si bien se observa una leve mejora asociada a la baja reciente en los índices de pobreza, el informe advierte que la recuperación salarial no alcanza aún para cubrir la canasta básica de alimentos y servicios. En consecuencia, los hogares asalariados se ven forzados a modificar sus hábitos y priorizar el pago de gastos fijos por sobre la alimentación.
El mapa social del deterioro alimentario
El estudio de la UCA señala que los asalariados con hijos son los más afectados, sobre todo en el conurbano bonaerense y en las grandes áreas metropolitanas, mientras que las privaciones son menores en las ciudades del interior. Además, la falta de sindicalización y la precariedad laboral agravan el cuadro: quienes trabajan menos de 25 horas semanales o desean hacerlo más son los que sufren mayores carencias.
En los hogares con inseguridad alimentaria, las mujeres son las primeras en restringir su propia alimentación para priorizar la de sus hijos. "Las madres dejan de comer para que los chicos puedan hacerlo y para que los hombres proveedores puedan trabajar", detalló Tuñón.
Los alimentos frescos, frutas, verduras y lácteos, son los primeros en desaparecer del plato familiar. También se observa una reducción en la cantidad de porciones y en la frecuencia de comidas, siendo la cena la que más se resigna por razones económicas.
La especialista subrayó que, a medida que se consolide una recomposición sostenida de los ingresos, podría esperarse una mejora progresiva en los hábitos alimentarios. Sin embargo, advirtió que el valor y la composición de la canasta alimentaria requieren una revisión por parte del INDEC, dado que los patrones de consumo han cambiado significativamente.
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