Argentina atraviesa la caída de nacimientos más pronunciada de su historia, con un desplome del 47% en apenas una década. Lejos de responder únicamente a factores económicos, el fenómeno responde a un cambio cultural profundo donde el deseo de tener hijos dejó de ser una prioridad para la mayoría de los adultos jóvenes.
Las nuevas prioridades del cambio generacional
Según el último informe del Observatorio del Desarrollo Humano de la Universidad Austral, solo el 34% de los jóvenes de 18 a 34 años considera muy importante la maternidad o paternidad para su realización personal. Esta cifra contrasta drásticamente con el 77% de la población general que validaba este hito en 2015, marcando un quiebre en lo que históricamente se consideraba un paso natural hacia la adultez.
Por primera vez, la investigación indagó en los motivos detrás de quienes deciden no procrear. El 57,3% de los encuestados afirmó que tener hijos simplemente no forma parte de su proyecto de vida, ubicando esta razón muy por encima de las dificultades económicas o la falta de estabilidad financiera. En su lugar, las nuevas generaciones priorizan el desarrollo profesional, la autonomía, los viajes y la búsqueda de bienestar individual.
El impacto demográfico ya se siente con fuerza en las estadísticas vitales del país. La tasa de fecundidad cayó a 1,2 hijos por mujer, ubicando a la Argentina en un escenario de fecundidad ultrabaja. De hecho, jurisdicciones como la Ciudad de Buenos Aires ya registran un saldo vegetativo negativo, lo que significa que mueren más personas de las que nacen, anticipando un acelerado envejecimiento de la población y un potencial estancamiento demográfico en las próximas décadas.