Por María Emilia Iglesias
2 Diciembre de 2025 - 17:37
El debate se instaló: ¿la escuela debe contener o educar? Para la psicóloga Daniela Gasparini, el problema de la violencia exacerbada que hoy desborda a las instituciones educativas es un reflejo de un profundo cambio de paradigma en la sociedad, potenciado por la era digital.
Según explicó en El Interactivo, de Ciudadano News, no se trata solo de registrar más hechos violentos, sino de una ruptura del lazo social donde las instituciones han perdido su autoridad.
El desgaste docente: un nuevo rol no asignado
El paradigma de la educación ha cambiado drásticamente. Antes, la figura del maestro o directivo era sinónimo de autoridad y respeto. Hoy, la escuela, además de impartir conocimientos, se ha convertido en un centro de contención para jóvenes con grandes carencias afectivas o de límites.
La especialista explicó que esta nueva carga genera un estrés adicional en los docentes, quienes asumen tareas que "no son las habituales", saturando el sistema y dejándolos en una situación de extrema vulnerabilidad ante los conflictos.
El "cuerpo ya no es un límite": la crisis de autoridad
Gasparini advierte sobre la normalización de la agresividad. El problema más visible es el amedrentamiento y la violencia hacia los docentes, que no es nuevo, pero que ahora se registra y se multiplica en las redes.
El punto de inflexión es la sensación de que "el cuerpo ya no es un límite", una señal de que las barreras se han cruzado en la forma de resolver los conflictos. La especialista subraya que esta crisis de autoridad es clave para entender por qué los chicos están "en el medio" de esta situación, sin que nadie los mire correctamente.
El quiebre de la tríada: escuela, familia y la palabra
Para la psicóloga, la familia y la escuela son las dos instituciones más importantes en la formación de emociones y personalidades. Cuando esta tríada (educación-escuela-familia) se rompe, el resultado es el colapso.
El gran déficit actual es la falta de diálogo. Muchos padres toman las observaciones o las notas bajas de un docente como un ataque personal, en lugar de mediar con la palabra. Esto lleva a una reacción "instintiva y primitiva" de encarar al docente sin buscar comprender.
La lección más importante que un adulto puede dar es que las situaciones "se tienen que resolver hablando". Si un niño ve a su madre o padre reaccionar con violencia ante un docente, está recibiendo un mensaje directo: está habilitado a resolver los problemas por la fuerza.
Gasparini concluye con una fuerte reflexión: "no normalicemos este tipo de situaciones" y busquemos dejar la mejor enseñanza a los chicos, quienes nos están mirando constantemente.
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