Firmar como garante es un compromiso que va mucho más allá de un favor familiar. Según especialistas, si el deudor principal incumple, el garante asume la deuda total, incluyendo juicios por desalojo y daños a la propiedad.
El mayor error es "desentenderse" del contrato tras la firma. En Argentina, la ley permite que los acreedores vayan contra todo el patrimonio del garante (ahorros, otros inmuebles o vehículos), pudiendo incluso dictar una inhibición de bienes. Ante la falta de garantes físicos, el mercado se vuelca hacia seguros de caución, aunque estos elevan significativamente el costo mensual del alquiler.