Por Fernando García
6 Febrero de 2024 - 15:53
En una entrevista con El Interactivo (lunes a viernes, de 12 a 14, por Facebook y YouTube de Ciudadano.News), la nutricionista Sofía Barberis arrojó luz sobre una cuestión crucial en la relación con la comida: la distinción entre el hambre real y el hambre emocional.
"El hambre emocional siempre aparece por diferentes emociones que el cuerpo tiene, ya sea ansiedad, tristeza, nervios, angustia”, comenzó explicando la especialista y agregó que la diferencia con el hambre real, es que este último se da cuando existe “la necesidad fisiológica del ser humano de ir a buscar el alimento porque pasaron muchas horas en donde el organismo no los recibió o porque esa ingesta de alimentos fue insuficiente y esta necesidad va creciendo poco a poco. La solución es ir y buscar comida, satisfacer esa necesidad y ahí termina”, aclaró la especialista.
La solución para el hambre real es sencilla: satisfacer la necesidad alimentaria y, una vez que el cerebro y el estómago detectan la presencia de comida, el hambre desaparece. En cambio, el hambre emocional es más compleja y profunda, estando estrechamente ligada a estados emocionales negativos.
La nutricionista destacó la importancia de identificar la causa subyacente del hambre emocional, ya sea estrés por un examen, preocupaciones laborales o situaciones personales difíciles. Una vez identificada la causa, se pueden tomar medidas para contrarrestarlo, como optar por alimentos saludables en lugar de opciones poco nutritivas y buscar distracciones como leer un libro, practicar actividad física o socializar.
La experta señaló que el cerebro desempeña un papel crucial en el control del hambre, incluso en situaciones de hambre emocional, donde puede influir en los antojos de alimentos para buscar sensaciones placenteras como la liberación de serotonina, la hormona asociada con el placer y la felicidad. "El cerebro maneja todo, es el que envía la señal al estómago si hay alimento o no, es el regulador de todo incluso, en el hambre emocional algo que pasa, doy un ejemplo: estoy feliz, ante un momento de felicidad el cerebro le envía información al estómago y le dice que por más no tenga hambre él va a decidir y quiere serotonina. Sabemos que la serotonina es una hormona que se asocia al placer, que controla nuestro estado de humor y es la hormona de la felicidad. Entonces es el cerebro el que decide, el que maneja la señal, todo lo manejamos con la mente por eso es tan difícil controlarlo”.
Barberis enfatizó que el hambre emocional tiende a conducir a la ingesta de alimentos altamente procesados, ricos en gluten y azúcares, como helados, papas fritas y hamburguesas. Por lo tanto, reconocer la causa del hambre emocional facilita su control y permite tomar decisiones alimenticias más saludables.
La experta señaló que el cerebro desempeña un papel crucial en el control del hambre, incluso en situaciones de hambre emocional, donde puede influir en los antojos de alimentos para buscar sensaciones placenteras como la liberación de serotonina, la hormona asociada con el placer y la felicidad.
Para contrarrestar el hambre emocional, la experta sugirió técnicas como la meditación, el yoga y el reiki, que ayudan a calmar la mente y reducir el estrés. "Una técnica que está de moda es la meditación, hacer yoga, reiki que por ahí eso trata de calmar y no estamos todo el día como estamos, en modo automático, que vamos al trabajo, que volvemos, que se hace la comida, todo esto lleva, -más la situación económica del país, al recurrente hambre emocional."
Repasá la entrevista completa:
Hambre real:
El hambre real se origina en el cuerpo y se localiza en el estómago. Esta sensación surge gradualmente a medida que el cuerpo necesita nutrientes para funcionar adecuadamente. Es una señal biológica que indica la necesidad de energía y nutrientes para mantener la salud y el bienestar.
Este desaparece cuando se satisface con la ingesta de cualquier alimento. No está vinculado a sentimientos de culpa y generalmente se asocia con la demanda de alimentos específicos, como proteínas, carbohidratos o grasas.
Hambre emocional:
Por otro lado, el hambre emocional tiene su origen en la mente y está asociada a estados emocionales como el estrés, la ansiedad, la tristeza o el aburrimiento. Se manifiesta de manera repentina, y no se localiza en el estómago, sino en la mente.
A diferencia del hambre real, este último no desaparece necesariamente con la ingesta de alimentos. A menudo, las personas pueden experimentar sentimientos de culpa después de comer, ya que no se trata de una necesidad física real, sino de una respuesta emocional.
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