La Fuerza Aérea de Chile (FACh) atraviesa un punto de inflexión en su planificación estratégica con el inminente retiro de sus cazabombarderos F-5 Tigre III. Tras más de cuarenta años custodiando la zona austral del país, estas aeronaves modernizadas junto a la empresa IAI de Israel han alcanzado el límite de su vida útil, obligando a las autoridades de defensa a evaluar alternativas de reemplazo que redefinirán el mapa operativo de la región.
Gripen, F-16 Viper o F-35: las alternativas sobre la mesa
Entre los principales candidatos figura el JAS-39 Gripen de la firma sueca Saab, un caza polivalente altamente dinámico equipado con aviónica avanzada y ya adoptado por Brasil. Por otro lado, la FACh analiza incorporar el F-16 Block 70/72 Viper, aprovechando la sólida experiencia operativa que mantiene con su flota actual de F-16. Esta opción representaría un salto tecnológico de generación 4.5 a costos logísticos contenidos.
Finalmente, analistas militares no descartan el interés por el sofisticado F-35 Lightning II, el caza de quinta generación con capacidades sigilosas de origen estadounidense. Si bien su adquisición y el costo operativo por hora de vuelo —que supera los 41.000 dólares— representan un enorme desafío financiero, incorporar esta plataforma situaría a Chile en la vanguardia absoluta de la aviación de combate en América Latina. La decisión final responderá tanto al presupuesto nacional como a las exigencias geopolíticas del cono sur.