A pesar de haber renunciado a la Jefatura de Gabinete de la provincia de Buenos Aires tras el estallido del yategate, Martín Insaurralde sigue caminando sobre una delgada línea de poder.
La exasperante lentitud de la Justicia en la causa por presunto enriquecimiento ilícito y lavado de dinero contrasta fuertemente con la incidencia que aún mantiene en el complejo entramado del peronismo bonaerense.
En su columna para el programa Sin Verso, José Urrutia planteó la principal incógnita del escenario político actual: ¿hasta cuándo el peronismo sostendrá a este equilibrista sin red?
El control territorial y la alianza con Máximo
En la práctica, Insaurralde mantiene un férreo control territorial de Lomas de Zamora a través de su delfín político, Federico Otermín. Además, sostiene una alianza estratégica clave con Máximo Kirchner, funcionando como el principal articulador entre La Cámpora y los históricos intendentes del Conurbano.
Sin embargo, esta misma estructura choca con la dura batalla que libra frente a Fernando Espinoza por los recursos y el armado de listas en la Tercera Sección Electoral.
Mientras tanto, Cristina Fernández de Kirchner observa desde una distancia calculada. La gran duda es qué pasará si la Justicia acelera los tiempos. Si se terminan los márgenes de impunidad, el costo político de sostener su influencia desde la penumbra superará sus beneficios tácticos. Como marca la historia de las lealtades tácticas: el peronismo acompaña hasta la puerta del cementerio, pero nunca entra a la tumba.