Por Ciudadano.News
15 Noviembre de 2021 - 13:35
Qué tipo de inteligencia será necesario para ensamblar eficiencia en la gestión del Estado, equilibrio distributivo y libertad. Cuál será la clave para que la sociedad argentina pueda generar desde su seno un sistema en el que, con los recursos intelectuales, técnicos, naturales disponibles, sea posible terminar de edificar un país que siempre se queda en la grandilocuencia de proyectos que chocan con constantes frustraciones.
Una durísima frase escuchada alguna vez y traspolada a la realidad actual del país nos martilla: "La Argentina siempre se marchita antes de florecer”“. Como un destino repetitivo los argentinos henos pasado siempre de la esperanza fundada en promesas de refundación a la frustración y el pesimismo. Este que hoy atravesamos es uno de esos momentos, evidenciados por el temor a la violencia delictiva; el dolor por los hijos que se van del ; la enorme pena por lo que murieron por COVID; la postración de los que les cortaron los brazos y perdieron sus empleos, a esto sigue una lista que se puede engrosar.Datos y realidades que han colocado a muchos en una entendible actitud que va de una peligrosa indiferencia a una no menos peligrosa bronca contenida que se identifica con expresiones antidemocráticas o visiblemente utópicas.
La desconfianza con las malas gestiones de los dos grandes frentes que se han repartido el gobierno en la última década lleva claramente votos a terceras expresiones de variado pelaje. Aún se recuerda el extraño caso de Mendoza en 2013 cuando muchos votos liberales y conservadores mutaron en sufragios por el trotskista Nicolás del Caño, que pusieron al entonces joven dirigente de izquierda en el Congreso y ahora todo parece que la gran estrella serán los “libertarios” que simplifican la realidad entre una disputa maniquea entre el Estado y la libertad. Mientras que casi en espejo los “populares” magnifican que quien no está con las políticas extremadamente dirigistas en economía, está contra la Patria.Con estos mensajes nada queda claro para los ciudadanos y tienden a desconfiar de las dos vertientes porque el resultado es reiteradamente malo.
Extremos que pueden juntarse
Si bien el discurso radicalizado de campaña suele atenuarse a la hora de compartir espacios en los cuerpos colegiados. Eso para los que acceden a los cargos electivos, pero por su parte los militantes movilizados exhiben una euforia que no se sabe por dónde se canalizará.
En las imágenes del bunker de los libertarios se ven grupos de chicos con las banderas amarillas con la serpiente que expresan una vertiente anti Estado y también las enseñas de la Confederación norteamericana del sur, un signo considerado claramente racista.
Tal vez quienes las portan no entienden qué es lo que representan en el fondo, pero estos sectores remiten a pensamientos que pueden emular a los grupos armados que combaten al gobierno federal en EE.UU. y respaldaron a Trump en su ataque al Capitolio de Washington.
En la otra vereda, una antigua izquierda que se ha mantenido incólume con sus consignas de las primeras décadas del siglo pasado, suele captar por el otro costado el rechazo a las promesas de justicia social del peronismo
.Con un lenguaje que pretende mantener vivo el concepto de división de clases y una política obrerista, la izquierda trotskista argentina no es violenta en su esencia, pero, en el pasado y en algunos de sus márgenes supo contener a sectores que siguen creyendo en que por el camino de las armas se puede reivindicar a los desposeídos.
El misterio y el gran temor surge ahora del avance violento de los grupos que se reivindican como mapuches. Son una minoría con una concepción de guerrilla foquista que pretende el apoyo de las masas. Hasta ahora solo han logrado el apoyo de solamente algunos grupos realmente mapuches y minorías intelectuales que se suben al concepto de reivindicar a los pueblos indígenas desalojados por la conquista española y la llegada de las grandes inversiones extranjeras en tierras.
No se sabe lo que está por venir
Lo esperable debería ser que, calmados los espíritus y resignados por una parte y las euforias triunfalistas den paso a una toma de conciencia de que la libertad no es una gracia concedida sino un derecho inalienable que genera muchísimas responsabilidades. La principal la de pensar en los millones que los eligieron para que les mejoren la vida y les hagan confiar en el futuro.
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