Por Enrique Villalobo
1 Junio de 2025 - 09:00
Escuché decir a un reconocido filósofo y escritor adherente al actual gobierno que, dados "los excelentes resultados y la decisión de continuar con el actual estilo de gestión es realmente absurdo no pensar igual que los libertarios".
Notable aporte de la cultura universal de quien se autopercibe como pensador, no haya desarrollado lo primero que enseña la Filosofía: tener pensamiento crítico y no dejar nunca de interrogarse por la esencia de las cosas.
Muchos querríamos preguntarle a ese filósofo en que consiste la tan mentada libertad que viva con tanta vehemencia el Presidente y que pareciera que nos la otorga el poder ahora reinante y hasta se podría decir que nos obliga a usarla.

Ya pasamos por el tiempo en que el pensamiento emanaba de una sola persona y una tropa de aplaudidores festejaba su fingida espontaneidad en esos shows en los que una falsa reina se mezclaba en un teatral baño de pueblo.
Escenas patéticas aquellas que todavía se repiten en algunos escenarios de la atribulada provincia de Buenos Aires, donde no aparece la menor propuesta ni autocrítica, si no una retahíla de diatribas contra una gestión que las provoca constantemente.
En la otra de las orillas una peligrosa soberbia por éxitos visibles pero que se pueden diluir si no se actúa con responsabilidad. Tener una inflación semi controlada en las estadísticas, pero quizá no tanto en la cotidianidad del bolsillo, todavía lleva agua al molino libertario.

Calmar la ansiedad de los que todavía se creen de clase media y pueden comprar unos pocos dólares más baratos, tiene efectos tranquilizadores por el momento, pero está dejando en el camino a los productores del campo, que, antes los consideraban parte de la extinguida "oligarquía vende patria de la Sociedad Rural" y hoy se los sigue maltratando.
Las huestes libertarias están ensoberbecidas por triunfos que pueden ser pasajeros si se los tira a la marchanta como los "morlacos del otario". Esa actitud impulsa a la autoridad a avanzar y a veces traspasar los límites de las formas democráticas y republicanas que para algo están.

Los nuevos buenos y los malos de siempre
Ahora priman los preparativos para la renovación de la mitad de los cuerpos colegiados, empezando por el Congreso de la Nación y de casi todas las legislaturas provinciales, es de esperar que, apuntando a las "fiestas de la democracia" que supuestamente deben ser las elecciones, se debería moderar el lenguaje y buscar negociar, sobre todo cuando no se tienen los números suficientes.
Sin embargo, los malos modales persisten y preanuncian una postura de aspereza circunstancial que apunta a afianzarse como un modus vivendi, de acuerdo a los modelos externos que más se ensalzan.

Cómo se comportarán los votantes este año, nadie lo sabe. Las encuestas le pintan un camino allanado a La Libertad Avanza y sus aliados/subordinados. En las provincias, donde todavía no termina de asentarse localmente, le ha ido mas o menos bien pero siempre negociando y hasta cediendo espacios.
Ahora el objetivo central es tener el dominio del Congreso para asegurarse por el momento que no se rechacen los DNU y después quizá, con mayorías afianzadas, tener también su escribanía.

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