Por Ciudadano.News
25 Junio de 2018 - 07:17
Quizá para muchos sectores, que Mauricio Macri haya reconocido públicamente, que los cálculos y lo que se hizo para frenar el proceso inflacionario fue errático, no sirve de nada. Pero, para un grueso de la comunidad, la sinceridad presidencial es una mezcla de impotencia y malestar ante la obvia situación que vive a diario. Cuando se mira ese deprimido sueldo que recibe mes a mes. Cuando se compra la mercadería de la casa, cuando se pagan impuestos y servicios. Cuando uno cae en la cuenta que dejó en algún tramo del camino de vida, esas ganas de proyectar progresos y crecimientos. Esto último como corolario de todo ese inmerecido ahogo que vive el grueso de la comunidad argentina
Antes, para la mayoría de los ciudadanos, analizar números de finanzas, valor del dólar y lo que sucede en la macroeconomía era una cuestión a ignorar. Por ser poco entendible y porque no rosaba su vida doméstica. Hoy, la actual Administración ha logrado instalar la vida de todo argentino en el centro de sus desaciertos económicos y financieros. La gente, con lógica, está entendiendo que la volatilidad, especulación y estratégica de los números inciden directamente en el movimiento del país, de su país. Pero hay algo más allá: el Gobierno nacional le ha mostrado a ese ciudadano costados de impericia, de debilidad y de no tener mecanismos planificados para controlar un esquema económico que se le fue de la mano.
Hoy, el acuerdo listo, confirmado y en acción con el Fondo Monetario Internacional, muestra sin tapujo alguno que quienes tomaron las riendas de la economía de los argentinos están en Washington. Desde donde se han enviado la primera remesa de US$ 15.000 millones de los US$ 50.000 millones que le prestan al país con la condición fundamental de a-jus-tar. Por lo que desde la Casa Rosada ya se está diciendo chau a todo lo comprometido. Por ejemplo, la reactivación que debía llegar con fuerte apuesta a la obra pública en inversiones millonarias y multiplicidad de fuentes de trabajo. El fortalecimiento a las economías regionales y el impacto que ello implicaba sobre las Pymes productivas, comerciales e industriales. Ajuste que, de la mano de la inflación, se extiende cual virulento cáncer perforando el tejido social de la Argentina.
En el medio de todo este drama llega una noticia del exterior, que tampoco en su momento le habría interesado al argentino común: nuestro país fue considerado emergente. Calificación, dicen, puede servir para que lleguen capitales de afuera e inyecten importantes montos de inversión, con la consiguiente y apetecible confluencia de fuentes de trabajo. Algo que produce otro interrogante: ¿hasta qué punto creer esto, si desde que asumió la administración de Cambiemos que le vienen expresando a la gente que llegarán inversiones y se crearán fuentes de trabajo?
La última acción del Gobierno fue un recambio de piezas del Poder Ejecutivo. La despedida de dos ceos para el arribo de un político y un economista. Hasta ahora, solo un arribo más, porque el camino trazado no sufre y, pareciera, no sufrirá alteración alguna. Es decir que la catarata de decisiones se profundizará y eso le dice una sola cosa a la gente: ajuste y solo ajuste. El nuevo compañero de ruta de la inflación para hacerle más tortuoso el vivir del país. Una Nación en la que la recesión y la devaluación están agazapadas para entrar en acción.
El discurso no ha cambiado, las acciones mucho menos. Solo aparece el reconocimiento de que hay equivocaciones en ese sistema que la gente creyó y por eso lo apoyó decididamente. Lo increíble es que la presidencia de Mauricio Macri reconoce los errores, pero reafirma el camino elegido. Mientras se hace cada vez más pesada esa carga de deudas contraídas e incumplidas, como la pobreza, la desocupación y el crecimiento lineal de Argentina.
Nada de eso se cumplió. Por el contrario, solo la pobreza por sí misma tiene un imparable y doloroso crecimiento, acompasado por el hambre que se trata de mitigar en los cada vez más concurridos merenderos y comedores comunitarios. Lugares que deberían ser observados por un Gobierno que reconoce errores, pero no el alcance letal de los mismos.
Daniel Gallardo es periodista de medios del Grupo Cooperativa
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