Por Carlos Fernández Giménez
20 Junio de 2021 - 11:04
La historia, no solamente la de Argentina, está repleta de anécdotas. De polémicas interpretaciones acerca de lo que fue o lo que debería haber sido y hasta de lo que verdaderamente ocurrió, siempre en medio de disputas de poder, de supervivencia y ansias de libertad. Lo que consideramos como una vida mejor para nosotros y nuestra posteridad.
Y esta manera de observar los acontecimientos que subyacieron a nuestra contemporaneidad no deja de lado casi ningún pasaje de antaño, especialmente cuando se trata de hilar fino respecto a los orígenes de una cultura cosmopolita como la que habita la Argentina.
En este punto la mayoría recuerda haber participado en las fiestas patrias celebradas en la escuela primaria principalmente recordando al General Don José de San Martín, y en otros momentos, no menos importantes, la creación del pabellón nacional. Imposible olvidar las memorables mañanas oteando al cielo aún con el recuerdo del último sueño de la noche recién extinta entonando Aurora.
"La realidad es de todo menos unívoca y coherente. Al contrario, es enredada, llena de matices y con una complejidad a veces tan cercana a lo ilógico y absurdo que nos hace pensar que supera a la ficción. Somos plenamente conscientes de eso porque lo experimentamos todos los días. En nuestra vida en comunidad pero también en nuestra propia vida personal", introduce el historiador Walter Burriguini.
A pesar de eso, misteriosamente tendemos a olvidarlo para suponer que las realidades pasadas fueron algo simple y lineal, que van de un punto X a un punto Y sin complicaciones ni complejidades. Seguramente esto podría ser mejor explicado desde el tamiz de la psicología o de la sociología.
Según el mendocino, "el imaginario colectivo argentino, por ejemplo, está profundamente enraizado a la romántica idea de que nuestra bandera nacional fue creada para expresar un profundo deseo de independencia y autonomía. Ciertamente, que un día llegaría a expresar ese sentimiento. Pero mucho más tarde, porque en realidad en un principio fue creada para expresar exactamente lo contrario: un profundo sentimiento de fidelidad y pertenencia a una metrópoli ubicada en otro continente y distante a 15 mil kilometros de nuestro país".
"Si nos fijamos bien, nuestra bandera nacional es una copia de los colores de la bandera de la dinastía Borbón, que aún sigue gobernando España en la actualidad. Y esto tiene que ver con lo que comentábamos en la charla anterior respecto a que la guerra iniciada en el Río de la Plata a partir de la Revolución de Mayo de 1810 se convirtió en guerra de Independencia recién a partir de 1812.
Otra idea errónea y profundamente enraizada en el imaginario colectivo argentino es que la bandera celeste y blanca tuvo una aceptación inmediata: "Falso. De hecho se convirtió en insignia oficial de Argentina con el Decreto 10.302 promulgado el año 1944, bien entrado el siglo XX . Ese dato nos anticipa que su aceptación habría de tener una historia más compleja de lo que nos gusta imaginar", aclaró Burriguini.
"Cuando en febrero de 1812 Manuel Belgrano comunicó al Triunvirato que había mandado hacer una bandera celeste y blanca para identificar a sus tropas, el gobierno le exigió que la descarte y en su lugar vuelva a restituir la bandera roja y amarilla. Es decir, la bandera que aún hoy sigue siendo la insignia oficial de España", recalcó.
Otro detalle desconocido es la intensidad que tuvo en principio el color celeste y cuál fue su diseño, que variaba en la cantidad de dos a tres franjas y en su ubicación horizontal o vertical.
"Para algunos puede sonar irónico lo que voy a decir y para otros puede sonar inclusive doloroso. Pero evidentemente para el Triunvirato, la bandera celeste y blanca no expresaba de manera muy clara los deseos de los rioplatenses de la época de la Revolución de Mayo de seguir formando parte de España", remarcó.
Aquí la aclaración del historiador no deja de ser interesante y hasta coherente. Al punto de llegarse a reconocer que si se tuviera la oportunidad de reconstruir el pasado seguramente se repetiría debido a los intereses en juego: "En resumen, el camino que llevó a nuestra bandera a expresar lo que significa hoy, bajo los conceptos de independencia y autonomía nacional, no fue rectilíneo ni directo. Como quedó dicho, la crearon para expresar exactamente lo contrario".
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