Por Carlos Fernández Giménez
22 Diciembre de 2020 - 09:44
Desde que el hombre tomó un hueso y hasta que inventó la granada atómica inventó mil formas para desarrollarse sobre la faz de la Tierra. Primero en clanes, un poco más tarde en pueblos y finalmente en grandes comunidades como provincias o países tal como los conocemos en la actualidad.
En ese raid de crecimiento social en el que fue fundamental la civilización muchas veces escuchamos que la historia es esencial para conocer de dónde venimos y hacia dónde vamos.
Pero en realidad no es tan así. Ya que varios en este Mundo están convencidos de que la historia no es esencial para el desarrollo y la prosperidad de la sociedad.
Para Walter Burriguini, historiador mendocino, “ciertamente esa idea ha calado profundamente en el imaginario colectivo, sobre todo argentino, por aquello de que si no sabemos de dónde venimos no sabremos quiénes somos y hacia dónde vamos”.
“Pero el hecho es que no hay fundamentos que permita suponer que eso es cierto”, sostiene. Y agrega: “Pensemos que antes del surgimiento de la historia, a mediados del siglo XIX, las sociedades funcionaban y prosperaban perfectamente”.
El ejemplo inmediato que ofrece es sobre “grandes civilizaciones como la egipcia, por poner solo un ejemplo, realmente prosperó y surgió en la antigüedad mucho antes del nacimiento de la historia”.
En ese sentido Burriguini aclara que “incluso alguna de esas civilizaciones antiguas que se desarrollaron y prosperaron lo lograron sin necesidad de la historia. Hoy siguen existiendo como la civilización china”.
“En efecto, la civilización china es un buen ejemplo de que la historia no es esencial para el desarrollo y prosperidad, puesto que ya prosperaba mucho antes de su invención y sigue prosperando hoy, mucho después”, afirma.
Por ello es que insiste en que “no hay fundamentos, o por lo menos yo no lo conozco, para sostener aquella idea profundamente enraizada sobre que la historia es esencial y más bien parece un discurso creado para estimular a los escolares a estudiarla”.
La razón de su estudio
Entonces surge, como en todo momento de la humanidad, una de las grandes preguntas: ¿Por qué entonces estudiamos científicamente el pasado si es socialmente irrelevante? Algún sentido tendrá…
“La respuesta es más sencilla que la que proporciona el prejuicio romántico del que estábamos hablando. La humanidad, a diferencia de otros seres vivos, es una especie que posee raciocinio y por lo tanto es curiosa. Y no puede evitar hacerse preguntas. Y tratar de entender las cosas entre ellas el pasado”, reflexiona.
Por ello evoluciona en su pensamiento: “No estudiamos historia entonces porque sea relevante para el desarrollo social sino porque no lo podemos evitar. Está en nuestra naturaleza”, sentencia.
Utilidad de la historia
Ahora podría surgir otro gran cuestionamiento: ¿No sirve para nada entonces? ¿Por qué se la practica?
“Se practica por ella misma, pero no significa que es inútil. De hecho la semana pasada charlamos que conociendo y detectando ciertas coyunturas del pasado parecidas a ciertas problemáticas del presente para comprarlas puede ser un excelente ejercicio”, recuerda.
La memoria del historiador toma ese concepto sobre una de sus principales preocupaciones: “Para aprender a pensar soluciones en medio de las crisis. Por eso decía en ese momento que el periodismo histórico se enmarcaba en el problema de la utilidad o no de la historia”.
“En cualquier caso, el punto es que si bien la historia no es esencial para la prosperidad de la sociedad tampoco es inútil aunque la practiquemos por sí misma. Puesto que practicarla por sí misma permite adquirir habilidades valiosas”, admite.
El origen
La humanidad empezó con la historia desde los romanos, “pero con la historia que era más bien como el arte de contar el pasado. Pero en ese intento, lo que no se sabía se inventaba. Se inventaban sobre todo los discursos, como los de Carlomagno”.
“Era cuando no era una historia científica, era como más de mito el ejercicio. Egipto duró unos 4 mil años y nunca necesitó de la historia. Y el hecho de que no sea necesaria se ve cuando, por ejemplo, por ideología, se toman relatos de ella”, apunta Burriguini.
Define que existe la historia “y se utiliza con fines ideológicos. La ideología no toma lo estrictamente científico de la historia. Toma lo que le conviene para construir un relato. Esto es lo que hacían las élites cuando no se tomaban en serio lo que está instalado en el imaginario colectivo. Que es el pueblo cuando dice que si no sabemos de dónde venimos no sabremos a dónde iremos”, concluye.
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