El general Asim Munir, jefe del Estado Mayor de Pakistán, ha emergido como el mediador indispensable en el tablero internacional de 2026. Con el rango de mariscal de campo, Munir ha logrado lo impensado: reconstruir la confianza con la Casa Blanca de Donald Trump mientras mantiene una línea directa con Teherán.
Su influencia radica en liderar el país con la segunda población chiíta más grande del mundo, factor que le otorga una legitimidad única ante el régimen iraní. Gracias a su gestión, se obtuvo una prórroga de dos semanas al ultimátum estadounidense, trasladando el epicentro de la diplomacia global a Islamabad para frenar el cierre del estratégico Estrecho de Ormuz.