La escalada de tensión en Medio Oriente ha alcanzado un punto crítico para la economía mundial. Tras una serie de ataques coordinados por Irán y los rebeldes hutíes contra objetivos de Israel y Estados Unidos, el gigante naviero Maersk anunció la suspensión total de sus operaciones en la zona.
El impacto se disparó tras confirmarse un bombardeo con drones contra un buque logístico cerca del puerto de Salalá, en Omán. Esta interrupción en las rutas marítimas amenaza con desestabilizar las cadenas de suministro globales, elevando la alerta máxima ante lo que expertos militares consideran una fase de confrontación directa sin vuelta atrás.