El turismo de invierno encontró su propuesta más excéntrica en Belalp, un pequeño pueblo suizo que anualmente reúne a más de mil personas esquiando vestidas de brujas. El evento, denominado Belalp Hexe, combina deporte, disfraces complejos y escobas a lo largo de un descenso de 12 kilómetros.
Esta llamativa tradición nació en 1983 como una estrategia para extender la temporada turística, inspirándose en una leyenda local del siglo XV sobre una mujer acusada de brujería. Hoy, el festival atrae a viajeros de todo el mundo que buscan experiencias alternativas frente al imponente glaciar Aletsch, patrimonio de la UNESCO.