El mito del vampiro ha sido un espejo recurrente para explorar la condición humana, pero pocas veces con la sensibilidad y el humor oscuro que propone la directora franco-canadiense Ariane Louis-Seize en su película "Vampira Humanista Busca Suicida Consentido" (Vampire humaniste cherche suicidaire consentant).
Tras su paso por festivales como Venecia y el BAFICI, la cinta llega a streaming (Netflix), consolidándose como una de las sorpresas del cine independiente de en plataformas.
Con un tono delicado que mezcla el horror sutil, el coming of age y la comedia negra, la película presenta a Sasha, una adolescente vampiro de 68 años que, a diferencia de su familia, se resiste a cazar humanos. Su madre, desesperada por la aversión de Sasha a la sangre, la envía con su prima, una vampira mucho más tradicional.
Un pacto existencial
La trama da un giro cuando Sasha, al borde de morir de hambre, se encuentra con Paul, un adolescente con marcadas tendencias suicidas. Paul le ofrece su vida para que ella pueda alimentarse sin culpa, pero con una condición: que lo ayude a cumplir su último deseo, vengarse de aquellos que lo han atormentado.
Este encuentro entre dos soledades extremas es el corazón de la película. Mientras Sasha (Sara Montpetit) vive un sofocante exceso de tiempo, ya que su inmortalidad es una carga; Paul (Félix-Antoine Bénard) padece una desesperante falta de sentido de la vida.
El filme de Louis-Seize se inserta en la tradición moderna de cine de vampiros, junto a obras como Sólo Los Amantes Sobreviven, de de Jim Jarmusch o Déjame Entrar, de Tomas Alfredson.
En ellas, el depredador es una metáfora de algo más profundo: la culpa y el peso de las contradicciones sin resolver, las heridas familiares y la soledad. La búsqueda genuina de sentido surge, de manera paradójica, a través de la oscuridad y el humor sutil.
Un aire fresco para el género
Un aspecto sobresaliente es el ingenioso uso de la banda sonora. En lugar de recurrir a sonidos aterradores, la película opta por melodías curiosas y nostálgicas. Destaca una escena con la encantadora timidez de "Emotions" de Brenda Lee y la inclusión divertida de "Drácula Ye Ye" de Andrés Pajares.
La cinta demuestra que el género vampírico aún tiene espacio para la creatividad y el humor. Es un relato íntimo que se niega a generar terror y, en cambio, ofrece una visión novedosa y divertida sobre dos personajes opuestos que deben reinventarse y colaborar para salir adelante.